En 2020 la NASA repetirá el viaje que hizo el Apolo 11 hace cuatro décadas

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Cuando los relojes ajustados en la hora terrestre daban las 21:32 del jueves 18 de junio de 2009, el cohete desechable Atlas V partió con gran estruendo desde Caño Cañaveral rumbo a la Luna. A bordo no viajaban humanos. Viajaban el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, en inglés) y el Artefacto de Observación del Cráter Lunar (Lcross), dos sondas que tendrán la misión de identificar plataformas de aterrizaje seguras para los astronautas que en el futuro vuelvan al satélite natural de la Tierra, y explorar la existencia de agua en los cráteres profundos de los polos lunares, respectivamente.

Al cumplirse el próximo 20 de julio los 40 años de haber puesto a un humano en la superficie lunar, la NASA está metida de lleno en el regreso a ese otro mundo. Si la crisis financiera no descarrila los planes, para 2020, una tripulación de cuatro astronautas debe estar poniendo el pie en el cráter Shacketon del polo sur lunar.

El programa Constellation tiene un objetivo triple: uno, desarrollar la próxima generación de lanzaderas, cápsula y trajes espaciales; dos, la colonización permanente de la Luna para hacer ciencia, explotar sus recursos y aprender a sobrevivir en otro planeta; y tres, el broche de oro, enviar tripulaciones a Marte.

Con un presupuesto actual de 3.000 millones de dólares anuales que subirá a más del doble cuando se retire la flota de transbordadores en 2010, Constellation estará compuesto de sistemas de transporte Tierra-órbita, además de infraestructuras de vivienda, generación de electricidad, sistemas de comunicaciones, instrumentación de mantenimiento y ciencia, y toda clase de asistentes robóticos.

Lanzaderas Ares

El sistema Ares tendrá dos lanzaderas. La cápsula tripulada Orión estará en la punta del Ares I, un delgado cohete impelido por un propulsor de combustible sólido reutilizable. Es un derivado de los poderosos propulsores blancos que flanquean al shuttle (el transbordador espacial). Esa será la primera etapa. La segunda es un motor J-2X, alimentado con oxígeno e hidrógeno líquidos, y derivado del motor que impulsaba las segundas etapas de los míticos cohetes lunares Saturno. El transporte de tripulaciones a la Estación Espacial Internacional comenzará a finales de 2014.

El Ares V Pesado será un gigantesco vehículo capaz de poner en órbita baja 188 toneladas de carga, y de enviar a la Luna 71 toneladas. Tendrá dos propulsores sólidos parecidos al del Ares pequeño, complementados con seis motores. La etapa superior del Ares V es, nada menos, la que llevará a la tripulación a la Luna, pues una vez en órbita, los astronautas se transferirán a ella.

El sistema de transporte ha generado algunas preocupaciones entre ingenieros que observan el programa con ojo de águila, y a veteranos de la talla de Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna. La primera es acerca de las diferencias entre ambos cohetes. Los diámetros, y por lo tanto la logística de los instrumentos, son distintos. Entonces, cada versión del Ares requiere su propia infraestructura de lanzamiento.

Por otra parte, hay problemas de control y oscilación en los propulsores sólidos que podrían producir vibraciones demasiado pronunciadas en la cápsula. Los cambios en el diseño del Ares I están afectando al Ares V y viceversa, y el programa está comenzando a pasarse del presupuesto y el calendario. Pero la NASA insiste en que la fecha de 2014 sigue en pie.

Cápsula tripulada Orión

Los ingenieros de Lockheed Martin, la empresa que obtuvo el contrato de 8.000 millones de dólares de las cápsulas Orión, trabajan en una bodega en las afueras del Centro Espacial Johnson, en Houston. Los primeros pasos son integrar el hardware con el software, especialmente los módulos de control del vuelo, que son una adaptación de los controles del Boeing 787, el Dreamliner, que debutará a finales de 2009.

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