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A mediados del siglo XIX, Francis Galton, antropólogo, geógrafo, explorador, inventor, meteorólogo, estadístico, psicólogo y primo segundo de Charles Darwin, tuvo la ocurrencia de investigar desde una perspectiva científica los efectos de la oración.
El experimento, considerado pionero en su propósito, comenzó con el análisis de la salud de la familia real británica, por quienes los feligreses de diversas iglesias rezaban en público todos los domingos. La lógica teológica indicaba que, con esas multitudes a su favor, los reyes y su parentela debían gozar de una salud de hierro. Pero no: el análisis estadístico de Galton reveló que, en términos de bienestar físico, sus majestades reales eran unos mortales comunes y corrientes.
Es probable, sin embargo, que el primo de Darwin fuera un tipo mordaz y no tuviera más intención que burlarse de los devotos. Al menos esa fue la impresión que dejó cuando le dio por rezar en cultivos escogidos de manera aleatoria para observar si las plantas crecían en estos más rápidamente que en los que no eran objeto de sus oraciones. La respuesta, al igual que en el primer caso, fue negativa.
Desde que Galton realizó sus singulares estudios, la ciencia no ha dejado de investigar si las prácticas religiosas tienen algún efecto real sobre la salud física y mental. Al fin y al cabo, pocos humanos se abstienen de solicitar la intervención divina cada vez que les flaquea el cuerpo. Los resultados, sin embargo, no son concluyentes: entre ellos se encuentran desde los que afirman que la meditación produce emociones positivas, hasta los que revelan que las oraciones por los enfermos agravan su estado.
La Virgen y el cerebro
Uno de los trabajos más recientes sobre el particular fue realizado por los científicos del Centro para las Ciencias de la Mente de la Universidad de Oxford, Reino Unido. Consistió en comparar la percepción del dolor entre voluntarios católicos y ateos mientras observaban La dama del armiño -una pintura sin connotaciones religiosas- y un cuadro de la Virgen María. Los investigadores observaron que mientras observaban a la madre de Jesús, los creyentes toleraban mejor una serie de descargas eléctricas y aumentaban la circulación sanguínea en la corteza prefrontal ventrolateral derecha, una región del cerebro relacionada con la modulación del dolor.
Aunque el efecto era producido por la observación del retrato de la Virgen, Miguel Farias, científico del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford que participó en el estudio, asegura que las plegarias probablemente ayudaron a atenuar el dolor, pues, según afirmó a CAMBIO, "algunos voluntarios reportaron haber orado mientras contemplaban la pintura, mientras otros pensaban en sus experiencias religiosas pasadas o en el papel de María en los evangelios".
La hipótesis de los científicos, planteada en un artículo publicado en la revista Pain, es que las creencias religiosas ayudan a los fieles a reinterpretar el significado emocional del dolor, lo que facilita separarse de él. "Creo incluso que las creencias religiosas tienen un efecto en los dolores emocionales", añade Farias.
Tratamiento integral
La experiencia de Carlos Garzón, un médico especializado en dolor y con una sólida formación en terapias alternativas, también le permite dar fe de los efectos benéficos de la oración. Y eso como juez y parte, pues está absolutamente convencido de que sus plegarias fueron un factor fundamental para su recuperación cuando enfrentó un tumor cerebral a los 48 años.
"El ser humano está compuesto de factores físicos, emocionales y espirituales que interactúan de forma integral, que se afectan uniformemente cuando está enfermo ¿explica el médico¿. Por eso, un tratamiento debe incluir un sólido respaldo espiritual además de las terapias tradicionales".
Como resultado de esta convicción, Carlos Garzón ha convertido las oraciones en parte sustancial de sus consultas.
"Independientemente de la creencia religiosa o espiritual de mis pacientes, los invito a orar como parte del proceso terapéutico. Esto ayuda a reestablecer el equilibrio entre las diferentes variables que inciden en la salud".
Efecto placebo
Pero mientras un buen número de creyentes ve la participación divina en ese efecto saludable de las plegarias, los escépticos se inclinan por creer que no es más que una reacción biológica.
En su libro Dios está en el cerebro, Mathew Alper señala que existen evidencias según las cuales la oración disminuye el tiempo de recuperación de una enfermedad o cirugía. "Como creemos instintivamente que nuestras peticiones serán escuchadas, nuestros niveles de ansiedad disminuyen y nos libramos de un parte de la presión psicobiológica excesiva ¿escribe el 'neuroteólogo¿. Cuando nuestra ansiedad disminuye, el resto del organismo, incluyendo nuestro sistema inmunológico y sus poderes regeneradores, pueden funcionar al máximo de su capacidad".