Abril 7 de 2009

Ciencia derrumba mitos y confirma creencias sobre los efectos de la oración en el organismo

Así como puede atenuar el dolor y generar emociones positivas, también puede empeorar la recuperación de los pacientes cuando les genera ansiedad.

A mediados del siglo XIX, Francis Galton, antropólogo, geógrafo, explorador, inventor, meteorólogo, estadístico, psicólogo y primo segundo de Charles Darwin, tuvo la ocurrencia de investigar desde una perspectiva científica los efectos de la oración.

El experimento, considerado pionero en su propósito, comenzó con el análisis de la salud de la familia real británica, por quienes los feligreses de diversas iglesias rezaban en público todos los domingos. La lógica teológica indicaba que, con esas multitudes a su favor, los reyes y su parentela debían gozar de una salud de hierro. Pero no: el análisis estadístico de Galton reveló que, en términos de bienestar físico, sus majestades reales eran unos mortales comunes y corrientes.

Es probable, sin embargo, que el primo de Darwin fuera un tipo mordaz y no tuviera más intención que burlarse de los devotos. Al menos esa fue la impresión que dejó cuando le dio por rezar en cultivos escogidos de manera aleatoria para observar si las plantas crecían en estos más rápidamente que en los que no eran objeto de sus oraciones. La respuesta, al igual que en el primer caso, fue negativa.

Desde que Galton realizó sus singulares estudios, la ciencia no ha dejado de investigar si las prácticas religiosas tienen algún efecto real sobre la salud física y mental. Al fin y al cabo, pocos humanos se abstienen de solicitar la intervención divina cada vez que les flaquea el cuerpo. Los resultados, sin embargo, no son concluyentes: entre ellos se encuentran desde los que afirman que la meditación produce emociones positivas, hasta los que revelan que las oraciones por los enfermos agravan su estado.

La Virgen y el cerebro

Uno de los trabajos más recientes sobre el particular fue realizado por los científicos del Centro para las Ciencias de la Mente de la Universidad de Oxford, Reino Unido. Consistió en comparar la percepción del dolor entre voluntarios católicos y ateos mientras observaban La dama del armiño -una pintura sin connotaciones religiosas- y un cuadro de la Virgen María. Los investigadores observaron que mientras observaban a la madre de Jesús, los creyentes toleraban mejor una serie de descargas eléctricas y aumentaban la circulación sanguínea en la corteza prefrontal ventrolateral derecha, una región del cerebro relacionada con la modulación del dolor.

Aunque el efecto era producido por la observación del retrato de la Virgen, Miguel Farias, científico del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford que participó en el estudio, asegura que las plegarias probablemente ayudaron a atenuar el dolor, pues, según afirmó a CAMBIO, "algunos voluntarios reportaron haber orado mientras contemplaban la pintura, mientras otros pensaban en sus experiencias religiosas pasadas o en el papel de María en los evangelios".

La hipótesis de los científicos, planteada en un artículo publicado en la revista Pain, es que las creencias religiosas ayudan a los fieles a reinterpretar el significado emocional del dolor, lo que facilita separarse de él. "Creo incluso que las creencias religiosas tienen un efecto en los dolores emocionales", añade Farias.

Tratamiento integral

La experiencia de Carlos Garzón, un médico especializado en dolor y con una sólida formación en terapias alternativas, también le permite dar fe de los efectos benéficos de la oración. Y eso como juez y parte, pues está absolutamente convencido de que sus plegarias fueron un factor fundamental para su recuperación cuando enfrentó un tumor cerebral a los 48 años.

"El ser humano está compuesto de factores físicos, emocionales y espirituales que interactúan de forma integral, que se afectan uniformemente cuando está enfermo ¿explica el médico¿. Por eso, un tratamiento debe incluir un sólido respaldo espiritual además de las terapias tradicionales". 

Como resultado de esta convicción, Carlos Garzón ha convertido las oraciones en parte sustancial de sus consultas.

"Independientemente de la creencia religiosa o espiritual de mis pacientes, los invito a orar como parte del proceso terapéutico. Esto ayuda a reestablecer el equilibrio entre las diferentes variables que inciden en la salud".

Efecto placebo

Pero mientras un buen número de creyentes ve la participación divina en ese efecto saludable de las plegarias, los escépticos se inclinan por creer que no es más que una reacción biológica.

En su libro Dios está en el cerebro, Mathew Alper señala que existen evidencias según las cuales la oración disminuye el tiempo de recuperación de una enfermedad o cirugía. "Como creemos instintivamente que nuestras peticiones serán escuchadas, nuestros niveles de ansiedad disminuyen y nos libramos de un parte de la presión psicobiológica excesiva ¿escribe el 'neuroteólogo¿. Cuando nuestra ansiedad disminuye, el resto del organismo, incluyendo nuestro sistema inmunológico y sus poderes regeneradores, pueden funcionar al máximo de su capacidad".

Este mismo mecanismo sería la causa de los 'milagros' como los del inválido que se pone de pie o el ciego que puede ver después de una plegaria. El requisito, claro está, es que la causa de la incapacidad hubiera sido psicosomática. "El sanador religioso realmente solo está facilitando una catarsis cerebral en alguien que está lleno de ansiedad -añade Alper-. De este modo, el sanador funciona como un placebo; la persona enferma se libera de muchas de sus ansiedades cuando su capacidad innata de tener fe en un dios que puede 'curar' y 'salvar' es estimulada".

El experimento fallido

Sin embargo, existe un estudio realizado con todo el rigor científico que llega a una conclusión diametralmente opuesta; es decir, que la oración no solo es no inocua, sino que empeora el estado de los pacientes.

Realizado por la Fundación Templeton ¿una organización de creyentes que procura la conciliación de ciencia y religión¿, el 'Gran experimento de la oración' consistió en hacer seguimiento a 1.082 pacientes a quienes se les había practicado una cirugía de bypass coronario. Los convalecientes fueron divididos en tres grupos: los que recibían oraciones y no lo sabían; los que las recibían y sí lo sabían, y los que no recibían oraciones.

Los resultados, publicados en la revista American Heart Journal fueron un varapalo para los promotores del estudio, que gastaron nada menos que 2,4 millones de dólares: no había diferencia entre aquellos por quienes habían rezado y no lo sabían, y aquellos que no habían sido objeto de ninguna plegaria. En cambio, los que habían recibido oraciones y lo sabían fueron los que más complicaciones tuvieron. Según la explicación de los médicos a cargo del estudio, la causa probablemente fue que sintieron mayor estrés: si tenían que orar por ellos, es que estaban realmente graves.

Al margen del si detrás de la oración existe una intervención divina, su efecto terapéutico parece entonces depender de si logra el objetivo de reducir el estrés. En ese sentido, y siguiendo las pautas de cualquier tratamiento practicado con responsabilidad, parece que también habrá que escribirle en letra menuda sus efectos adversos y contraindicaciones.

EL PODER ANALGÉSICO DE LAS PLEGARIAS

Las creencias religiosas activan una zona del cerebro conocida como corteza prefrontal ventrolateral derecha y ayudan a los practicantes a reinterpretar el significado emocional del dolor , plantea un grupo de científicos de la Universidad de Oxford en un artículo publicado en la revista científica Pain. A esta conclusión llegaron los expertos tras observar que mientras contemplaban una imagen de la Virgen y recibían descargas eléctricas, los voluntarios católicos reportaron menor dolor que los voluntarios ateos o agnósticos. El funcionamiento cerebral fue analizado con un escáner de resonancia magnética.

'La dama del ermiño', de Leonardo da Vinci, y 'Vergine Annunciate', de Giovanni Battista Salvi il Sassoferrato, fueron las pinturas proyectadas a los voluntarios del estudio. El propósito fue mostrar dos imágenes parecidas pero con distintos significados religiosos.

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