Febrero 11 de 2009

Hallan sustancias en plantas autóctonas que retrasan efecto de veneno de serpientes

Investigadores colombianos buscan la fórmula de un compuesto que brinde más tiempo a los afectados por una picadura para acceder un servicio de salud.

Fueron 25 horas de padecimiento, de lucha entre la vida y la muerte las que tuvo que soportar Carlos Palacios, un pequeño de 9 años oriundo de Segovia (Antioquia), por cuenta de una mordedura de serpiente. Él contó con suerte y logró llegar a Medellín con vida, donde fue atendido en un hospital de cuarto nivel.

La fortuna de Carlos es la excepción a la norma. Hoy ser víctima de un accidente ofídico en regiones rurales, selváticas o apartadas de las cabeceras municipales colombianas es un pasaporte, bien sea para la muerte o para tener complicaciones irreversibles en el organismo por falta de una atención médica y un suministro oportuno del suero antiofídico.

Este planteamiento fue, precisamente, parte del origen de una investigación de las universidades Nacional, sede Medellín, y de Antioquia, en la que buscan, a partir de plantas autóctonas de las zonas tropicales, desarrollar un compuesto que inhiba el efecto del veneno de las serpientes.

De acuerdo con los investigadores, el propósito no es crear un suero antiofídico botánico para reemplazar el que se extrae de tales reptiles, sino aprovechar los principios activos y las propiedades de inhibición presentes en algunas especies de plantas, de modo que permitan retardar el efecto de las toxinas mientras el afectado logra acceder al servicio de salud.

"Tenemos caracterizadas las toxinas de la mapaná y de otras serpientes, e identificadas diferentes especies de plantas con propiedades inhibitorias del veneno", explicó la Ph.D. en fotoquímica e investigadora de la Universidad Nacional de Medellín Tatiana Lobo, quien hace parte del equipo de científicos que trabajan en este desarrollo.

Como parte esencial del trabajo, los investigadores han rescatado parte del conocimiento tradicional y ancestral de las comunidades que habitan las zonas selváticas limítrofes entre los departamentos de Chocó y de Antioquia, quienes han empleado durante varias generaciones las propiedades intrínsecas de algunas plantas leñosas y de otras especies relacionadas a la familia del limón y la caoba, entre otras, para contrarrestar las consecuencias del ataque ofídico.

Según Lobo, con base en ese trabajo de campo, cuentan con un laboratorio de productos naturales que les ha permitido la identificación y clasificación de las especies de vegetales para efectuar el proceso de aislamiento de la sustancia inhibidora.

"Con el principio activo estudiado se hace la evaluación detallada del mecanismo de acción que permite a la planta inhibir el tóxico", agregó la especialista.

Contra el tiempo

Este avance adquiere especial relevancia debido a los altos índices de accidentes por mordedura de serpiente que se registran anualmente en el país -unos 4.000 de acuerdo con el biólogo Héctor Charry, experto en el tema y autor del estudio 'Epidemiología del accidente ofídico en Colombia'-, la mayoría de ellos en regiones rurales y selváticas, alejadas de hospitales y con poca o ninguna disponibilidad de suero antiofídico.

Esa es la preocupación del toxinólogo de la Universidad del Cauca Ricardo Eyerbe que ha manifestado en reiteradas ocasiones que, precisamente, el mayor riesgo de mordedura se presenta en zonas remotas y con pocos recursos asistenciales.

Jorge Quiñones, experto en toxicología de la Secretaría de Salud de Cali, menciona como ejemplo que en el curso de un año pueden estar  llegando  al Hospital Universitario del Valle entre 30 y 40 pacientes provenientes del Pacífico colombiano sin recibir tratamiento oportuno después de varias horas de viaje -con el riesgo que ello implica- debido a la escasez de suero en la zona.

De hecho, según explicaron los especialistas, la literatura médica establece que la aplicación del suero antiofídico se debe hacer durante las primeras cuatro horas después del accidente para evitar complicaciones que pongan en riesgo la vida del paciente o efectos secundarios definitivos como la pérdida de tejidos y amputaciones.

En ese sentido, los investigadores de la Universidad Nacional, sede Medellín, han sido muy claros en señalar que la aplicación in situ de los resultados de la investigación apunta a que los habitantes de esas regiones apartadas -donde las mordeduras de serpientes son frecuentes- aprendan a identificar cuáles son esas plantas y sus principios activos para, de este modo, lograr retardar el efecto de las toxinas y dar soporte de vida mientras se inicia el tratamiento con sueros antiofídicos.

Se ha detectado en el curso de la investigación cómo las moléculas de algunas plantas coadyuvan a la supervivencia de los pacientes en accidentes ofídicos e inclusive cómo aceleran, en algunos casos, el efecto de los sueros. "No es un sustituto del suero, es una alternativa terapéutica para ganar tiempo mientras se logra acceder a un servicio de salud calificado", concluye Lobo.

PAÍS DE SERPIENTES

De acuerdo con el estudio 'Epidemiología del accidente ofídico en Colombia', del biólogo Héctor Charry, en el territorio nacional existen unas 225 especies de serpientes, 40 de ellas venenosas. Entre ellas están algunas de las más peligrosas del planeta, como la cascabel, la taya X, la verrugoso, la veinticuatro, la pelo e' gato, la cuatronarices, la barbiamarilla y la rabiseca. Todas de la familia de las víboras.

En el país también hay unas 22 especies de la familia de las corales, con fuerte presencia en región Pacífica y en la isla Gorgona.

EFECTOS DE LA MORDEDURA

La toxina del veneno de las víboras tiene una gran capacidad de destrucción de tejidos y sus manifestaciones se reflejan en la anticoagulación de la sangre, que puede generar sangrado en cualquier parte del cuerpo del afectado, inflamación más dolores intensos.

Por su lado, un accidente ofídico de una serpiente coral (de colores llamativos) genera un altísimo riesgo de muerte del afectado debido a que su veneno tiene el potencial de producir parálisis en los músculos de la víctima.

En todos los casos, el tratamiento se hace con aplicación de suero antiofídico, preferiblemente entre las cuatro y seis horas posteriores al accidente para contrarrestar complicaciones y secuelas permanentes.

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