El experimento científico más grande y avanzado de la historia

El detector Atlas capturará y estudiará todas las partículas producidas en las colisiones.

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ESTOY A 150 METROS bajo la superficie de la ciudad suiza de Meyrin, dentro de un socavón casi inconmensurable a los ojos. El lugar está lleno de pesadas estructuras de acero, andamios de colores, cascadas de cables, tuberías varias y aparatos misteriosos que hacen eco del chillido de perforadoras, taladros, martillos y grúas. Varios hombres con casco en la cabeza hormiguean alrededor de una máquina fantástica de siete pisos de altura que no puede describirse de otra manera que la puerta a otra dimensión. O al menos, el set millonario de una película de James Cameron.

Este es el detector Atlas. Uno de los componentes del Gran Colisionador de Hadrones o LHC (Large Hadron Collider), el acelerador de partículas más grande y poderoso en la historia de la física. El experimento de los 10.000 millones de dólares, que involucró a 2.000 científicos de 34 países. El lugar donde, después de 14 años de construcción, los físicos esperan ver al universo volver a nacer... una y otra vez. Más exactamente, 30 millones de veces por segundo.

A mediados de año, dentro del túnel de 27 kilómetros de circunferencia que une al Atlas con otros tres detectores igualmente gigantescos, comenzarán a viajar dos haces de protones -partículas que existen en los núcleos de los átomos- en direcciones opuestas. Las partículas serán guiadas por más de mil imanes cilíndricos unidos como salchichas y enfriados a -271 grados centígrados, es decir cerca del cero absoluto. Entonces, cuando los protones hayan adquirido casi la velocidad de la luz, se estrellarán frente a frente. Cada segundo habrá 800 millones de colisiones. Estos estrellones, minuciosamente estudiados en el corazón de los cuatro masivos detectores, serán tan monumentales que deberán recrear las condiciones de energía, temperatura y materia primordiales que existieron cuando el universo tenía menos de una trillonésima de segundo de edad.

El objetivo del colisionador no es otro que descubrir de qué está hecho el universo, revelando las partículas infinitésimamente pequeñas -y todavía desconocidas- que escribieron las reglas de todo lo que constituye el cosmos. Cualesquiera que hayan sido las formas de la materia y las leyes y fuerzas que regían al universo en ese entonces -reliquias que no se habían visto en esta parte del cosmos desde que se enfrió el universo hace 14 mil millones de años- cobrarán vida brevemente una y otra vez, mostrando todas sus variaciones posibles, y, si todo sale bien, dejando sus huellas en montañas de computadores.

Criatura celestial

Una de las partículas exóticas que los físicos están ansiosos por ver es el Bosón de Higgs, la llamada "partícula de Dios". Este es el eslabón que falta dentro de una teoría que explica las características básicas del universo. "Lo que nos falta descubrir es qué es lo que le da sustancia a las partículas fundamentales -dice Lyn Evans, quien ha estado a cargo del LHC desde el principio-. Qué es eso que hace que podamos palpar las cosas, qué les da su masa. Ese es el hueco en nuestro conocimiento. Para poder conectar todo lo que sabemos hasta ahora acerca del Modelo Estándar de cómo funciona lo que vemos a nuestro alrededor, tenemos que pensar en cómo surge la masa. Y la mejor teoría que tenemos hasta ahora es esta partícula hipotética llamada el Bosón de Higgs".

Y si existe alguna máquina capaz de revelar la elusiva criatura celestial, es el Gran Colisionador de Hadrones. Los hadrones son una categoría de partículas grandes que incluyen a los protones. El colisionador está localizado y será operado por el personal del CERN, la Organización Europea de Investigaciones Nucleares. El mismo lugar donde se inventó la World Wide Web, y que ahora se halla en proceso de crear el GRID, una red global de computadoras que promete revolucionar al mundo de formas aún más poderosas que Internet.

El próximo 'Big Bang'

Recrear otra Gran Explosión como la que dio origen al universo dentro de un laboratorio subterráneo suena miedoso. El público en general se pregunta cosas como: ¿Se crearán agujeros negros que nos hagan desaparecer? ¿Entraremos en otra dimensión? ¿Explotará media Europa con cada colisión? En realidad no, dicen los físicos.

"Aunque los protones están viajando a casi la velocidad de la luz, cada uno es tan pequeño, que al colisionar con otro sólo liberará un poquito de energía: unas 30 trillonésimas de la energía que libera un bombillo de 60 vatios en un segundo -dice Evans-. Pero, en cambio, los haces de protones dentro del acelerador son otra cosa. Cada uno de ellos contiene 280 trillones de protones con la energía de un tren que va a 200 kilómetros por hora metidos dentro de un espacio más delgado que una hebra de cabello".

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